El romance del desgobierno en Acatlán
Una burla lo que pasa en Acatlán, la presidenta Lupita Bárcenas acabó casada con su secretario de Seguridad Pública, Juan Alberto Domínguez, en una trama más parecida a una novela de la Rosa de Guadalupe, que a la política.
Por supuesto la presidenta no ve lo que todos los espectadores de esta trama sí vemos. A ver eso de que encontró el amor en su empleado el Marino y fueron felices para siempre no va a funcionar. Se los firmo.
Pero, fuera del tema personal, que es bastante lamentable, lo es más cuando toca lo público y pone en riesgo la gobernabilidad de todo un municipio.
No hablo al tanteo, mientras esta pareja disfrutaba de su amorío, la inseguridad subió un 16% según las cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública (SNSP).
La gobernabilidad se fue al suelo y ya los ciudadanos empezaron a estar inconformes por todo.
Hasta el punto en que votaron la salida del titular de la SSP, y la destitución de la alcaldesa.
Entiendo muy bien que el gobierno de Puebla tenga información sobre la posible intromisión de grupos criminales en la desestabilización. Sin embargo, me parece que la terrible distracción de la alcaldesa con su secretario de Seguridad fue crucial para que encontraran cómo entrometerse.
Con el casamiento de Bárcenas y Juan Alberto todo da un giro.
Se comprueba, además de la distracción, el conflicto de intereses y, seguro, el desvío de recursos públicos.
La alcaldesa decidió dejar de ocultar el origen de su debacle al frente de Acatlán, si me preguntan, después de esto veo más viable la instalación de un Concejo y la no reelección de Lupita Bárcenas.

