Los dos detenidos por la muerte de Alan en el anexo La Piedad fueron absueltos por un juez. La Fiscalía General del Estado de Puebla nunca pudo encontrar al médico que practicó la necropsia y tampoco consiguió testimonios para sustentar su acusación.
La audiencia final del juicio oral se desarrolló la mañana del lunes 3 de marzo y en ella el juez de control Juan Carlos Malpica dictó sentencia absolutoria a Salomón N. y Samuel N.


El primero era el encargado del anexo y el segundo fungía como enfermero; ambos permanecieron en prisión preventiva durante dos años.
En entrevista para Ambas Manos, la familia de Alan expresó su desilusión por la resolución. Mencionaron que las pruebas presentadas por la FGE no fueron suficientes.
De más de 60 personas que se encontraban en el anexo, solo se presentó una testigo. Esta joven ingresó al centro de rehabilitación el mismo día que Alan.
Además, la Fiscalía nunca pudo localizar al médico que realizó la necropsia a Alan, lo que debilitó aún más la acusación.
Asimismo, la defensa de los imputados alegó que la víctima pudo haber caído y causarse dichas lesiones solo.
Los deudos narraron que, al escuchar el fallo, la madre de Alan se desvaneció, mientras que Samuel levantó los brazos y agradeció a Dios. Salomón, en cambio, permaneció cabizbajo.
La familia de Alan decidió no apelar, pues aseguran que han agotado todas las instancias posibles.
Nosotros hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos, luchamos por justicia, pero la justicia humana nos falló. Se habrán librado de la justicia del hombre, pero no de la de Dios”, expresaron.
Comentaron que con esto dan por cerrado un capítulo doloroso que les arrebató a un miembro de su familia.
Alan tenía 21 años y soñaba con convertirse en cantante de rap improvisado
Alan tenía 21 años y su vida terminó en abril de 2021. Apenas dos semanas después de haberse internado voluntariamente con la esperanza de alejarse de las drogas.
Su experiencia dentro del anexo ubicado en la colonia Lomas de San Miguel de la ciudad de Puebla se convirtió en una pesadilla. Durante su estancia, sufrió constantes agresiones y hasta llegó a pasar tres días sin comer, según declaró su hermana Erika.
La joven que ingresó el mismo día que Alan atestiguó cómo lo golpeaban. Fue una las pocas pruebas con las que contaba la familia para buscar justicia.
Días antes de su muerte, Alan logró hacer una videollamada con su madre. A través de gestos, intentó decirle que algo andaba mal: señaló su rostro y su estómago, sugiriendo que había sido golpeado.
Poco después, su madre recibió una llamada del anexo; le pidieron que fuera por su hijo. Cuando llegó, encontró a Alan en agonía, pero pudo decirle que lo habían golpeado antes de perder el conocimiento.
Murió en los brazos de su madre, de camino al hospital
El parte médico reveló la magnitud del maltrato: tenía diez costillas rotas, los pulmones perforados y múltiples moretones en el cuerpo. También presentaba marcas en las muñecas, lo que indicaba que había estado maniatado.
Tras la muerte de Alan, su familia inició un proceso legal en busca de justicia. Tres personas fueron detenidas:
Samuel, quien fungía como enfermero del anexo sin contar con preparación para ello. Salomón, encargado de las llaves del lugar y Germán Pablo N., el padrino, dueño del anexo.
Los tres quedaron vinculados a proceso por homicidio calificado y permanecieron en prisión preventiva. Ya en el juicio, los tres fueron absueltos.

