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Zonas de sacrificio y el paisaje acústico: El impacto humano en los ecosistemas

El paisaje acústico del océano también se altera

Hace algunos días, con motivo del Día Mundial de los Océanos, la Dirección de Difusión Cultural de la IBERO presentó en la Universidad Iberoamericana el documental La batalla de las azules, dirigido por Adam Ernster. La proyección fue comentada por Rubén Arvizu, productor y ecologista mexicano, en colaboración con la Maestra Inti Barrios, de la Comisión de Derechos Humanos del Valle de Tehuacán, y el Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga S.J. (IIMA). El largometraje, además de mostrar la majestuosidad y belleza de las ballenas azules, denuncia la profunda vulnerabilidad en la que se encuentra esta especie dentro del Golfo de California, un espacio donde la presión antrópica ha comenzado a fracturar los ciclos vitales más elementales del entorno marino.

Los ecosistemas acuáticos padecen gravemente las consecuencias de un modelo de consumo desmedido y globalizado. La presencia constante de cruceros turísticos y barcos cargueros altera de forma drástica el paisaje acústico del océano, generando una saturación por ruido subacuático que rompe el equilibrio de los hábitats. Por ello, los cetáceos pierden la capacidad de comunicarse, orientarse y alimentarse de manera óptima, ya que dependen del sonido para interactuar con su entorno. Al verse ensordecidos, no perciben el ruido de los motores ni el movimiento de las grandes embarcaciones a tiempo, lo que provoca que un alarmante número de ejemplares muera anualmente a causa de los impactos sufridos contra los cascos de los barcos.

Otro problema crítico es la contaminación sistemática de los mares. Diariamente, toneladas de basura generada por la industria turística y los desechos urbanos llegan a los cuerpos de agua a través de cuencas y litorales. Esto resulta devastador si se considera que los océanos son fundamentales para la generación de oxígeno en el planeta y la captura de carbono, procesos posibles gracias a la labor del fitoplancton. Desde hace varios años se ha documentado la alarmante existencia de las llamadas “islas de basura” en el Océano Pacífico. Estos sitios, considerados auténticas zonas de sacrificio ambiental, se han incrementado en extensión y densidad con el paso del tiempo, extinguiendo cualquier posibilidad de vida marina en sus núcleos. Sin oxígeno y sin luz, la supervivencia de las criaturas —tanto grandes como pequeñas— se anula por completo y, lejos de disminuir, las dinámicas de contaminación global aumentan.

El documental La batalla de las azules nos recuerda que el mar es un ecosistema inmenso y bello, pero sumamente vulnerable ante la acción humana. Las actividades comerciales y la contaminación por plásticos amenazan la vida marina, pero el filme también apela a romper con la indiferencia ante nuestros consumos cotidianos, invitándonos a optar de manera urgente por alternativas más justas, locales y conscientes.

En este contexto de crisis socioambiental, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) presentó el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos (DBGIR 2026). Los datos nacionales revelan que México genera 139,902 toneladas diarias de basura, de las cuales solo el 5% recibe algún tipo de tratamiento formal. Asimismo, únicamente 52 sitios en todo el país pueden ser catalogados formalmente como rellenos sanitarios, una cifra que no garantiza que operen bajo las mejores condiciones de control ambiental ni que eviten la filtración de lixiviados hacia los mantos acuíferos.

Como se observa actualmente tras las recientes clausuras institucionales, los rellenos sanitarios constituyen focos de contaminación severos y conflictos socioambientales en las regiones donde se establecen. Mientras no exista una cultura sólida de prevención, separación en la fuente y tratamiento de residuos desde el hogar y las industrias, el problema de la basura seguirá desbordándose hacia los ecosistemas naturales.

A veces se piensa que las acciones individuales carecen de impacto real frente a problemas de tal magnitud; sin embargo, cada vez que una persona elige el consumo responsable y decide no adquirir productos de las industrias más contaminantes —aquellas que precarizan a sus trabajadores, sobreexplotan los bienes comunes y destruyen los entornos locales—, está asumiendo una postura política y ética clara. Es una decisión consciente que defiende la vida, protege la biodiversidad y respalda de manera activa a las defensoras y defensores ambientales que, día con día, ponen el cuerpo en el territorio para frenar el despojo y la degradación de nuestra casa común.

Guillermina Margarita López Corral escribe "Zonas de sacrificio y el paisaje acústico: El impacto humano en los ecosistemas".
Guillermina Margarita López Corral, académica de la Ibero y autora de “Zonas de sacrificio y el paisaje acústico: El impacto humano en los ecosistemas”. credit: Especial
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