En el estado de Puebla, hay al menos 786 niñas de 12 a 14 años con hijos, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)
Este 30 de abril, se celebra en México el Día del Niño y la Niña para reafirmar sus derechos y crear una infancia feliz para un desarrollo pleno como ser humano.
Por ello, es importante concientizar sobre las crisis que este sector enfrenta. De acuerdo con los datos del Inegi, al cierre de 2024, había en Puebla 178 mil 865 niñas de 12 a 14 años.
De ese total, las 786 niñas que son madres no llegan ni al 1%, pero tienen de uno a dos hijos.
Otro dato que llama la atención es que, al cuarto trimestre de 2024, 25 mil 363 mujeres de Puebla de 15 a 19 años tenían de uno a dos hijos. Dicha cifra representa el 8.4% del total de 302 mil 447 mujeres en ese rango de edad en Puebla.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en muchos lugares, los obstáculos para obtener anticonceptivos impiden que las adolescentes eviten embarazos no deseados.
A ello se suma el abuso infantil, que está arraigado en la desigualdad de género, pues afecta más a las niñas que a los niños. En Puebla, el Código Penal castiga el estupro al que tenga relaciones con una persona mayor de 14 años, pero menos de 18. Lo hace empleando la seducción o el engaño para alcanzar su consentimiento. Y la prisión va de 2 a 8 años y multa de 11 mil 314 a 33 mil 942 pesos.
Mientras, una de las causales de la violación especifica que cuando la víctima sea menor de 18 años y mayor de 70 se duplicará la sanción. Es decir, la pena va de 20 a 60 años con multas de 11 mil 314 a 113 mil 140 pesos.
“El embarazo en la adolescencia es un fenómeno mundial con causas claramente conocidas y graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas tanto para las personas afectadas como para sus familias y comunidades”, dice la OMS.
Además, de acuerdo con Natalí Hernández Arias, del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (Cafis), se debe de reconocer el contexto en que ocurren estos embarazos.
Por ejemplo, la violencia en sus diferentes niveles, como cuando niñas y adolescentes viven en condiciones de marginación o vulnerabilidad. Al igual, los estereotipos sobre la maternidad les hacen creer que con hijos/as podrán salir de ahí o modificar su situación.
Sin dejar de mencionar la violencia sexual, con imposiciones de relaciones no consentidas. De hecho, en ocasiones, no necesariamente son agresivas porque se dan a través de manipulación de emociones. Es decir, el llamado grooming.
Esta es la historia de “Lulú”, una de las 786 niñas con hijos en Puebla
Lulú —a quién llamaremos así por cuestiones de seguridad— se embarazó a los 13 años. Ella vivía con sus abuelitos porque sus papás están separados y ninguno se hizo cargo ni de ella ni de sus hermanos mayores. El papá tiene problemas de adicción y su mamá la corría de su casa cada que se enojaba con ella.
No terminó la secundaria y tampoco se enteraron de su embarazo hasta que estaba a punto de dar a luz.
Un día Lulú comenzó a sentirse mal del estómago. Su abuelita la llevó al doctor y le dijeron que probablemente era colitis. Ella ya sabía que podría estar embarazada, pero no dijo nada por temor.
El malestar continuó y entonces le mandaron unos análisis que confirmaron sus sospechas: tenía 7 meses de embarazo.
Lulú seguía sintiéndose mal y terminó en el hospital. Los médicos le dijeron que tenía un severo grado de desnutrición y su bebé nació prematuro.
Hasta ese momento la familia conoció al papá de su hijo, un adolescente de 14 años. Se conocieron en la secundaria.
El bebé de Lulú estuvo más de un mes en terapia intensiva. Aunque ella estaba asegurada por su mamá, en el Hospital General del Sur tiene una cuenta que asciende a los 70 mil pesos.
Su bebé ya está con ella en casa, pero no produce leche y ella continúa con la desnutrición. No vive con el papá de su hijo porque él recién empezó a trabajar para poder comprar los pañales, leche y pagar la cuenta del hospital.
Lulú sigue con sus abuelitos, la mamá y el papá la “apoyan” de vez en cuando. Dice que no tiene intenciones de seguir estudiado. Espera que el papá de su hijo junte un poco más para que se vayan a vivir juntos, como lo hizo su hermana en cuanto se convirtió en mamá a las 18 años.

