Marisol Calva

📢Feminista 💜 en lucha por nuestro derecho a decidir 💚 #SeráLey

Resistencia Feminista Antimilitarista

En los últimos 15 días se han tomado decisiones muy importantes en materia de seguridad pública, decisiones que se toman desde la comodidad de una curul o un escaño en el Senado, pero que impactan en la vida de todo un país.

Primero se aprobó que la Guardia Nacional tuviera un mando militar. Quien diga que esa no es una iniciativa militarista, miente. Después el PRI, en un evidente acto de oportunismo político y en busca de impunidad para los escándalos de corrupción de su dirigente nacional, presentó una iniciativa para que el Ejército permanezca en las calles del país ejecutando tareas de seguridad pública hasta 2028.

Iniciativa aprobada en la Cámara de Diputados y que se encuentra en el Senado en espera de ser discutida y aprobada por el pleno.

Pero sacar al ejército a las calles no ha dado buenos resultados, al contrario, la violencia ha aumentado. Y así lo dicen datos proporcionados por la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, por el INEGI  y compartidos por distintos medios de comunicación: cuando la presencia del ejército en las calles se duplica, las cifras de homicidios se triplican. De 2006 a 2021, hubo un incremento de homicidios de un 241%, pasando de 10,452 en 2006, a 35,625 en 2021.

La presencia del ejército en las calles no tiene un efecto disuasivo contra el crimen organizado, pero sí ha implicado que haya más muertes violentas, que haya más desapariciones forzadas, que haya más violaciones a derechos humanos y que haya más agresiones contra mujeres en el espacio público.

Por poner un ejemplo: De acuerdo al Centro Nacional de Seguridad Pública Federal, la Guardia Nacional puso a disposición de los ministerios públicos en 2020, solo a 6 personas por el delito de homicidio. Pero en promedio ocurren 11 feminicidios diarios. ¿Dónde están esos feminicidas? Es evidente que la presencia del ejército y de la Guardia Nacional en las calles no ha implicado una disminución en la incidencia delictiva, ni mucho menos en la violencia feminicida.

Y justo eso vienen diciendo colectivas feministas, organizaciones, académicas y activistas. Que la estrategia de militarización de éste y los gobiernos anteriores no funciona, que de fondo el problema de la inseguridad en México es un problema de justicia y de impunidad. Porque los delitos no se denuncian, por miedo o desconocimiento, porque los delitos que se denuncian no se investigan, por omisión, por incapacidad o por corrupción, y porque los que se investigan no se procesan de forma expedita y justa, otra vez, por incapacidad o por corrupción.

Ninguno de esos problemas se resuelve enviando a militares a patrullar las calles. Las fuerzas armadas no investigan, no están capacitadas para eso.

Por eso, porque desde el feminismo creemos que sobre los hechos y las cifras, la militarización ha demostrado NO ser la vía para la pacificación del país, es que se ha organizado a nivel nacional una resistencia feminista antimilitarista, que ya ha tenido algunas acciones de incidencia como la lona desplegada en la Estela de luz, por madres buscadoras de diversos colectivos, entre ellos el colectivo “Hasta Encontrarles”, ó como el de la colectiva “Antimonumenta” en la Glorieta de las mujeres que luchan, pintando el asfalto exigiendo justicia por las miles de personas desaparecidas en el país.

Una resistencia que no debe ser usada con fines políticos ni de beneficio personal, sino como lo que es, un acto político de resistencia, de protesta social y de exigencia al Estado, para que frene la estrategia de militarización que impulsa con la complicidad de partidos que en el pasado han sido cómplices de violaciones a derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, como la masacre de estudiantes del 68 o la desaparición de estudiantes de Ayotzinapa.

Necesitamos construir otras vías, de ahí surge la resistencia feminista antimilitarista como una bocanada de aire fresco ante la cerrazón del gobierno para entender que violencia no puede combatirse con violencia, que la violencia se combate con inteligencia, que no queremos más presupuestos para gasto militar, que mejor se invierta en prevención, en facilitación de la denuncia, en agencias con capacidad de investigación y controles de confianza y anticorrupción.

Construir otras salidas para la violencia es posible si se construyen fuera de la lógica patriarcal del poder y se apuesta por visiones alternas para la solución del conflicto, de eso va la resistencia feminista antimilitarista que seguirá generando eco hasta que la dignidad se haga costumbre.

Marisol Calva

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