Guillermo del Castillo

Guillermo del Castillo Cajica

La gran mentira de cada mañana

Abre los ojos. Es lunes otra vez. Apagas la alarma, te levantas, te bañas, desayunas lo mismo de siempre. Tráfico. Oficina. Reuniones que pudieron ser un email. Almuerzo rápido. Más trabajo. Tráfico de regreso. Cena. Netflix. Dormir. Y mañana lo mismo. Y pasado. Y el otro.

¿Te suena familiar? Claro que sí. Porque así vives. O más bien, así medio sobrevives.

Pero tú te dices que estás bien. Que así son las cosas. Que todos hacen lo mismo. Y te convences de que esto es vivir. Pero déjame decirte algo que duele: no lo es. Estás en piloto automático. Existes, respiras, caminas, hablas. Pero no estás viviendo. Estás cumpliendo con la lista. Estás marcando casillas. Estás medio sobreviviendo hasta el viernes, hasta las vacaciones, hasta la jubilación. Siempre hasta algo que viene después.

Y te repites la misma mentira cada día: “Ya habrá tiempo.” Tiempo para ese viaje que siempre quisiste hacer. Tiempo para aprender eso que te apasiona. Tiempo para reconectar con esa persona que extrañas. Tiempo para perseguir ese sueño que guardaste en el cajón hace años. “Cuando las cosas se calmen,” te dices. “Cuando termine este proyecto.” “Cuando los niños crezcan.” “Cuando tenga más dinero.” “Cuando llegue la jubilación.” Siempre cuando. Nunca ahora.

Pero aquí está la verdad que nadie te quiere decir: ese momento que estás esperando no existe. No hay un día marcado en el calendario donde todo se alinea perfectamente y puedes empezar a vivir de verdad. La vida no funciona así. Las cosas nunca se calman. Siempre habrá algo. Siempre habrá una excusa. Siempre habrá una razón para posponer.

Mientras tanto, los días pasan, envejeces. Uno tras otro. Y tú sigues esperando. Esperando el momento correcto que nunca llega. Y sin darte cuenta, se va un año. Luego dos. Luego cinco. Y cuando volteas a ver atrás, te das cuenta de que no recuerdas qué hiciste con todo ese tiempo. Solo recuerdas haber esperado.

La vida no se detiene a esperarte. No le importa si estás listo o no. No le importan tus planes perfectos ni tus condiciones ideales. Sigue avanzando, con o sin ti. Y cada día que pasas medio sobreviviendo en lugar de viviendo, es un día que no recuperas jamás. No hay rebobinar. No hay segunda vuelta. Este es el único tiro que tienes.

Y sé lo que estás pensando. “Es que no puedo simplemente dejarlo todo.” “Tengo responsabilidades.” “Tengo cuentas que pagar.” “Tengo gente que depende de mí.” Lo sé. No te estoy diciendo que abandones todo y te vayas a la montaña. Te estoy diciendo que dejes de engañarte. Te estoy diciendo que dejes de postergar las cosas que realmente importan. Porque puedes tener responsabilidades y aún así vivir. Puedes trabajar y aún así perseguir lo que amas. No son mutuamente excluyentes.

El problema no es tu situación. El problema es que has aceptado la mediocridad como norma. Has normalizado sentirte vacío. Has convertido la supervivencia en tu meta, cuando debería ser tu punto de partida. Y lo peor es que lo justificas. Le das mil razones. Te convences de que no hay otra opción. Pero la verdad es que tienes miedo. Miedo de intentar. Miedo de fallar. Miedo de admitir que has estado desperdiciando tu tiempo. Y es más fácil seguir en piloto automático que enfrentar esa verdad.

Pero mientras tú esperas, la gente que amas también envejece. Las oportunidades pasan. Tu cuerpo se cansa. Tus sueños se marchitan. Y un día te despiertas y te das cuenta de que ya no tienes veinte años. Ni treinta. Ni cuarenta. Y todo lo que querías hacer, todo lo que ibas a hacer “cuando hubiera tiempo”, sigue sin hacerse. Y lo único que te queda es el arrepentimiento de haber esperado un momento que nunca llegó.

No hay momento perfecto. No hay condiciones ideales. No hay luz verde que te diga “ahora sí, ahora es tu turno de vivir.” La vida es ahora. Este segundo. Este minuto. Este día. Es lo único que tienes garantizado. Todo lo demás es una ilusión. Una promesa que nadie te hizo.

Entonces deja de esperar. Deja de medio sobrevivir. Haz esa llamada que has estado posponiendo. Empieza ese proyecto que llevas años pensando. Di esas palabras que has guardado por miedo. Toma ese riesgo que te da terror. Vive hoy como si fuera lo único que tienes, porque es la verdad. Puede que mañana no llegue. Y si llega, al menos habrás vivido hoy de verdad, no solo haberlo dejado pasar esperando un después que quizás nunca exista.

Porque al final, cuando estés en tu último día mirando atrás, no vas a recordar los lunes en la oficina ni las noches frente al televisor. Vas a recordar los momentos en que realmente viviste. Los riesgos que tomaste. Las cosas que te atreviste a hacer. Las personas con las que compartiste. Y si no tienes esos recuerdos, si solo tienes una lista interminable de “hubiera,” vas a darte cuenta de que lo único que se fue no fue el tiempo. Fue tu vida entera. Y no hay nada más triste que llegar al final y darte cuenta de que nunca empezaste.

Así que pregúntate ahora mismo: ¿estás viviendo o solo estás medio sobreviviendo? Y si la respuesta te duele, perfecto. Ese dolor es la señal de que todavía estás a tiempo de cambiar. De dejar de esperar. De empezar hoy. Porque mañana es una promesa que nadie te puede garantizar. Pero hoy está aquí. Y es tuyo. Úsalo o piérdelo. La decisión siempre ha sido tuya.​​​​​​​​​​​​​​​​

¡Tómala y actúa¡

¡Desata tu poder y esplendor!

El mundo necesita que brilles.

Soy Guillermo del Castillo.
Te quiero.

Lee más en: https://theroadrunner.org/

Plaza San diego