Guillermo del Castillo

Guillermo del Castillo Cajica

El gran engaño

¿Sabes cuál es la mentira más grande que te han vendido? Que tu vecino, tu compañero de trabajo, tu hermana que piensa diferente… son tu enemigo.

Te escribo con el corazón en la mano porque ya no quiero callar más. Estamos siendo víctimas del truco más viejo del mundo: divide y vencerás.

Nos han convencido de que el problema son los hombres contra las mujeres. Que la lucha es entre izquierda y derecha. Que los homosexuales son enemigos de los heterosexuales. Que los latinos somos una amenaza para los americanos, o que los blancos son enemigos de los negros. Que los jóvenes no entienden a los mayores. Que los religiosos odian a los ateos. Que los ricos merecen el desprecio de los pobres.
¡MENTIRA!

Mientras tú y yo peleamos por estas diferencias inventadas, mientras nos odiamos por el color de nuestra piel, por a quién amamos, por cómo votamos o por el Dios en el que creemos…¿sabes quién está ganando?

Los mismos de siempre. Los que nos ven pelear desde sus torres de cristal. Los que se enriquecen mientras nosotros nos destruimos entre nosotros. Los grandes monopolios que nos pagan salarios de hambre. Los políticos que nos prometen el cielo cada cuatro o seis años y nos dan migajas. Los medios de comunicación que nos alimentan odio cada mañana porque el odio vende, el odio divide, el odio los hace más poderosos.

La verdad es que TÚ Y YO SOMOS SERES MARAVILLOSOS.

No importa si eres hombre o mujer, todos queremos que nuestros hijos tengan un futuro mejor. No importa si votas a la derecha o la izquierda, todos queremos un trabajo digno que nos permita vivir sin angustia. No importa si amas a alguien de tu mismo sexo o del opuesto, todos queremos amar sin miedo. No importa si naciste aquí o viniste de otro lugar, todos queremos un hogar donde sentirnos seguros. No importa el color de tu piel, todos sangramos rojo cuando nos cortan. No importa a qué Dios le reces, todos queremos paz para nuestras familias.

¿Qué pasaría si en lugar de pelear entre nosotros, levantáramos la cabeza y viéramos quién realmente nos está robando?

¿Qué pasaría si en lugar de odiar al inmigrante, odiáramos las condiciones que obligan a la gente a huir de sus hogares?

¿Qué pasaría si en lugar de culpar a las mujeres por “quitarnos trabajos”, exigiéramos que haya trabajo digno para todos?

¿Qué pasaría si en lugar de atacar al homosexual por “destruir la familia”, defendiéramos el derecho de todas las familias a prosperar?

¿Qué pasaría si en lugar de pelear por migajas, exigiéramos juntos un pedazo justo del pastel?

Por eso nos dividen. Por eso inventan enemigos donde no los hay. Por eso nos dicen que el problema es tu género, tu orientación, tu color, tu origen, tu edad, tu religión.

Porque saben que el día que despertemos, el día que nos demos cuenta de que la mayoría de nosotros queremos exactamente lo mismo, ese día su poder se acabará.

Ese día, ya no podrán pagarnos salarios miserables porque estaremos unidos exigiendo dignidad.

Ese día, ya no podrán robarnos con impuestos que solo pagan los de abajo, porque estaremos unidos exigiendo justicia. Ese día, ya no podrán manipularnos con sus guerras culturales fabricadas, porque estaremos unidos construyendo un mundo mejor.

Hoy te invito a algo revolucionario: deja de odiar a tu hermano.

Ese hombre que piensa diferente sobre el aborto, pero que como tú no puede pagar la renta… es tu aliado. Esa mujer que vota diferente, pero que como tú trabaja dos empleos para sobrevivir… es tu aliada. Ese homosexual que como tú sueña con tener una casa propia… es tu aliado. Ese inmigrante que como tú se levanta a las 5 AM a trabajar duro… es tu aliado. Ese joven que como tú está cansado de las promesas vacías… es tu aliado. Ese mayor que como tú quiere dejar un mundo mejor… es tu aliado.

No es el hombre. No es la mujer. No es el gay. No es el heterosexual. No es el negro. No es el blanco. No es el joven. No es el viejo.

Nuestro enemigo es el sistema que nos enfrenta para mantenernos débiles. Nuestro enemigo son los que se enriquecen con nuestra división. Nuestro enemigo son los que prefieren vernos pelear por las sobras antes que compartir la mesa.

Es hora de un solo movimiento. Un movimiento PRO-HUMANIDAD.

Un movimiento que diga: “No más salarios de hambre mientras otros acumulan miles de millones.” Un movimiento que diga: “No más casas vacías mientras hay familias en la calle.” Un movimiento que diga: “No más medicinas caras mientras la gente muere por no poder pagarlas.” Un movimiento que diga: “No más guerras por petróleo mientras nuestros hijos van a escuelas que se caen.” Un movimiento que diga: “No más división. Somos uno solo. Somos humanidad.”

Cada vez que rechazas el odio que te venden, cada vez que tiendes la mano a alguien “diferente”, cada vez que ves más allá de las etiquetas que nos ponen… estás siendo revolucionario. Cada vez que te niegas a odiar a tu hermano y en su lugar señalas a los verdaderos culpables de nuestra miseria… estás siendo poderoso.

La revolución no será violenta. Será despertar. Despertar y darnos cuenta de que somos más. De que somos fuertes. De que unidos, somos imparables.

Hermano querido, hermana querida… ¿vienes conmigo?

¿O seguirás peleando las guerras que otros inventaron para mantenerte ocupado mientras te roban? La elección es tuya. Pero recuerda: cada día que odias a tu igual, es un día más que ellos ganan.

Es hora de despertar. Es hora de unirnos. Es hora de ser humanos. El futuro no se construye con división. Se construye con unión.

¡We are the world! ¡Nosotros somos el mundo!

¡Desata tu poder y esplendor!

El mundo necesita que brilles.

Soy Guillermo del Castillo.
Te quiero.

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