Andrés Villegas Mendoza

Andrés Villegas Mendoza

Puebla ya no se arrodilla: el fin del pacto entre el huachicol y la política

Durante los años azules, Puebla convivió con un pacto silencioso que todos conocían: el acuerdo entre el huachicol y ciertos actores de la política local. No era un secreto, era una realidad disfrazada de normalidad. Algunos vivían cómodamente de ese arreglo: protección, votos, territorio, silencio.

Ese pacto fue el verdadero crimen.

Pero ese tiempo se acabó.

Y se acabó porque el gobernador Alejandro Armenta decidió romperlo, sin titubeos y sin negociar con quienes durante años creyeron que el poder del Estado era su extensión privada. La llegada del vicealmirante Francisco Sánchez a la secretaría de seguridad Publica, la coordinación con Guardia Nacional, la fuerza de la Fiscalía y la nueva estrategia territorial desarmaron el viejo andamiaje que sostenía a esos grupos.

¿El resultado?

El crimen está perdiendo territorio, y la oposición perdió la narrativa.

Y por eso hoy reaccionan como reaccionan.

Cuando un pacto criminal se derrumba, los que vivían de él se desesperan.

Los delincuentes porque pierden control.

La oposición porque pierde su vieja fuente de influencia.

Ambos, por motivos distintos, buscan ahora recuperar lo perdido con la única arma que les queda: la mentira organizada.

Por eso inventan narrativas.

Por eso fabrican escándalos.

Por eso editan videos y distorsionan hechos.

No es coincidencia: es estrategia.

Intentan reconstruir con ruido lo que ya no pueden sostener con poder.

Creen que, si manchan al gobierno, confunden al pueblo; creen que, si siembran dudas, recuperarán terreno; creen que la gente sigue tan distraída como antes.

Pero Puebla cambió.

Puebla despertó.

Y hoy distingue perfectamente quién está del lado del Estado y quién estuvo del lado del crimen.

Lo que está ocurriendo no es solo un reacomodo de seguridad: es una ruptura moral e histórica.

El viejo pacto se quebró.

El Estado recuperó su lugar.

Y quienes antes se arrodillaban ante el huachicol hoy tienen que inventar historias para no admitir su caída.

Que digan lo que quieran.

Que editen lo que quieran.

La verdad es esta: Puebla ya no se arrodilla.

Y quien quiera seguir arrodillado ante el crimen… que se arrodille solo.

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