“Cuando roban tu coche dos veces: por el delincuente y por el sistema”
En Puebla, miles de familias han vivido la misma historia: un día desaparece su coche, la incertidumbre se vuelve angustia, y semanas después llega la llamada que esperaban. “Apareció su vehículo”. Uno pensaría que ese momento es un alivio… pero para muchas personas apenas comienza otra pesadilla: los cobros del arrastre y el corralón, tarifas infladas y reglas hechas para que nadie pueda defenderse. Una doble victimización que lastima, que humilla y que ha sido normalizada por años.
Este sistema no nació por casualidad. Se construyó sobre una red donde participan grúas, corralones, intermediarios que se enriquecen del dolor ajeno y autoridades que durante mucho tiempo prefirieron mirar hacia otro lado. Es un círculo de corrupción que convierte la necesidad en negocio y el desamparo en oportunidad. En Puebla, como en muchos estados del país, miles de ciudadanos han terminado pagando por un crimen que no cometieron. Y eso es injusto. Punto.
Por eso presenté la iniciativa para condonar el pago del arrastre y el corralón a toda persona que, después de denunciar el robo de su unidad, logre recuperarla. Porque si la delincuencia ya le arrebató algo, el Estado no puede rematarle la dignidad con un cobro absurdo. La ley debe proteger, no exprimir.
Esta reforma no solo elimina un abuso: rompe un modelo de negocio que por años operó a la sombra y que generó complicidades. Y se suma a una estrategia más amplia donde el gobernador Alejandro Armenta ha sido claro: la seguridad se construye con justicia, orden y coordinación. Hoy Puebla avanza con el trabajo del vicealmirante Francisco Sánchez al frente de la policía estatal, de la Guardia Nacional y de nuevas dinámicas de vigilancia que ya están cambiando el mapa de la seguridad en el estado.
Mi iniciativa es una pieza más de ese rompecabezas: una señal de que el Congreso está del lado de la gente, no de los intereses que lucran con el miedo. Y también es un mensaje para quienes viven con el temor constante de perderlo todo: la ley puede ser humana, sensible y valiente cuando se escribe desde la realidad y no desde un escritorio.
Porque al final, la seguridad no solo es detener delincuentes; es garantizar que cada ciudadano pueda vivir sin que el sistema lo revictimice. Eso es lo que estamos construyendo en Puebla. Y esto apenas comienza.

