Adán Augusto y Nacho Mier, la alianza criminal
Las alianzas que no huelen a política huelen a criminalidad. Así pasa sin duda con el senador Adán Augusto López y Nacho Mier, su compinche poblano.
En la política hay alianzas que nacen de convicciones y acuerdos que nacen de intereses. Lo primero construye futuro, lo segundo destruye la confianza.
Cuando dos políticos se unen no para servir al pueblo, sino para servirse a sí mismos y a sus familias el daño es doble porque se corrompe el presente y se hipotecan los sueños de la gente.
Porque detrás de los abrazos y las fotos públicas muchas veces se esconden pactos de complicidad, favores que se pagan con cargos, y decisiones que no responden al interés general, sino a los bolsillos y ambiciones de unos cuantos.
Ese es el cáncer de la política: la complicidad disfrazada de lealtad, la corrupción disfrazada de acuerdos, la traición al pueblo disfrazada de unidad.
Los pactos en lo oscurito, las alianzas que solo reparten privilegios y poder, deben terminar. Porque la política solo tiene sentido si es con la gente, por la gente y para la gente. Lo demás, no es política: es corrupción con otro nombre llamado morenonachismo o adanagustisismo.
La historia política de nuestro estado y nuestro país nos enseña que cada vez que se antepone la protección de intereses personales al bienestar colectivo, se siembra una herida profunda en la sociedad.
Y esas heridas, tarde o temprano, se cobran con desencanto, con abstención y con enojo ciudadano. Ya lo vimos a nivel federal con Felipe Calderón y Genaro García Luna; o ma local entre Mario Marín y Javier López Zavala.
Así podemos entender lo que sucedió este sábado. A pesar de que Adán Augusto está viviendo justo ahora la destrucción de su carrera política, estuvo sonriente en Puebla para respaldar a ese aliado, a Nacho Mier durante su primer informe.
Dos políticos con la brújula perdida y el timing descompuesto. Que no ven su realidad, una en la que su grupo político ha sido vapuleado y exhibido de corrupto. Creen que tienen futuro, por eso Adán Augusto se atrevió a darle su respaldo para el 2030, a pesar de que su futuro, incluso en los próximos meses, es incierto.
Que la próxima vez que le pregunten ‘para dónde vas Nacho’, no dude en contestar que para Puebla”, le dijo.
Agarrado de ello, Nacho Mier ha construido por segunda vez un discurso de que es “el favorito”. La primera vez muchos le creyeron, sería una locura que por segunda vez le crean, sin embargo, ahí estaban Fernando Manzanilla y Enrique Doger.
De verdad es que el presente de Adán Augusto es la exhibición pública por corrupción y la de Nacho es la de cómplice del corrupto y perdedor de la contienda interna. El político del fracaso.
La lección es clara: las alianzas que nacen de la corrupción jamás construirán futuro. Porque en política, cuando se vende la dignidad, se hipotecan las esperanzas de un pueblo entero.

