Las lluvias de este 2026 han dejado mucho más que calles inundadas, vehículos varados y viviendas afectadas. En Puebla, el temporal ya cobró la vida de nueve víctimas.
Detrás de esa cifra hay historias que quedaron inconclusas, por ejemplo, madres y trabajadoras que nunca volvieron a casa. Una familia que celebraba un cumpleaños y un policía que murió mientras cumplía con su deber.
Aunque las tragedias ocurrieron en distintos puntos del estado, todas tuvieron un mismo origen: las lluvias torrenciales de los últimos días.
Margarita Marín, la primera de 9 víctimas de las lluvias este 2026
La primera tragedia ocurrió el 28 de junio. Margarita Marín, de 53 años, circulaba sobre la Recta a Cholula, una de las vialidades más importantes que conecta Puebla capital con la zona metropolitana.
Viajaba acompañada por su hija y su nieta cuando un árbol, debilitado por las lluvias y los fuertes vientos cayó sobre el vehículo.
El impacto fue directo. Margarita falleció en el lugar, mientras sus familiares sobrevivieron al accidente.
Su fallecimiento marcó el inicio de una temporada que, con el paso de los días, se volvió cada vez más devastadora.

Los Peña buscaban celebrar un cumpleaños y todo terminó en tragedia
La segunda historia ocurrió el 7 de julio, en el Pueblo Mágico de Cuetzalan.
La familia Peña decidió viajar para celebrar el cumpleaños de una de sus integrantes.
Después de desayunar en el centro del municipio observaron la publicidad de recorridos en la gruta de Chichicazapan y contrataron la experiencia.
Nadie imaginó que esa decisión por la que pagaron 4 mil 700 pesos cambiaría sus vidas para siempre.
Una tormenta provocó el incremento repentino del río subterráneo y sorprendió al grupo dentro de la caverna.
La fuerza de la corriente arrastró a Ismael Peña, a sus hijas Jazmín Lizeth Peña Antonio y Karime Antonio Peña. Así como a Gerardo Julián de los Santos, hermano del novio de una de las jóvenes.
Solo lograron sobrevivir Araceli, esposa de Ismael; Agustín Julián, novio de una de las jóvenes y el guía Conrado Vázquez.

Fue precisamente Agustín quien consiguió salir de la gruta para pedir ayuda y activar uno de los operativos de rescate más complejos registrados en los últimos tiempos.
Durante cuatro días participaron especialistas en rescate vertical, bomberos, Protección Civil, Guardia Nacional, Ejército Mexicano y brigadistas de distintos municipios.
Finalmente, los equipos localizaron los cuerpos de las cuatro víctimas a más de dos kilómetros del punto donde ingresaron. Una muestra de la fuerza con la que fueron desplazados por la corriente.
Sin embargo, la emergencia todavía no concluye.
El gobierno del estado suspendió temporalmente las labores de extracción después de que especialistas determinaron que continuar representaba un peligro extremo para los rescatistas.
Las lluvias subieron otra vez el nivel del agua dentro del sistema cavernario, provocando inundaciones repentinas, sifones, pérdida total de visibilidad y arrastre constante de material.
Además, la gruta forma parte de un complejo kárstico con más de 37 kilómetros de desarrollo y alrededor de 650 metros de desnivel. Estas condiciones que hacen imposible un ingreso seguro.
Los cuerpos permanecen asegurados dentro para evitar que la corriente vuelva a desplazarlos y las maniobras únicamente se reanudarán cuando existan condiciones favorables.





Tres mujeres trabajadoras y el policía que las auxiliaba también fallecieron en Ocoyucan
La noche del 8 de julio, Silvia Gracida, Concepción Márquez, de 45 años, y Claudia Bonilla, de 54, concluyeron su jornada laboral.
Esto como trabajadoras del área de limpieza de la Universidad Anáhuac, en el turno vespertino.

Aquella noche la tormentas paralizó el transporte público y las tres quedaron varadas.
En ese momento apareció el subdirector de Seguridad Pública de Santa Clara Ocoyucan, Agustín Malo Martínez, quien realizaba recorridos para auxiliar a personas afectadas por las inundaciones.
El mando policiaco les ofreció acercarlas para que pudieran regresar con sus familias.
Las tres aceptaron. Minutos después, la patrulla fue arrastrada por la corriente tras el desbordamiento del río Atoyac.
Durante horas solo se buscó al oficial, pues nadie sabía que las tres mujeres viajaban con él.
Fue hasta que familiares de una de ellas informaron que alcanzó a avisarles que una patrulla las llevaría de regreso cuando ambas historias comenzaron a unirse.
Días después, buzos localizaron la unidad sumergida y, en su interior, los cuerpos de Silvia, Concepción y Claudia.
Las tres eran madres de familia. Salieron de casa para trabajar y nunca volvieron con sus hijos.
Agustín Malo Martínez tampoco regresó.
Su desaparición movilizó durante más de un día a policías, bomberos, Protección Civil, drones y buzos.
Finalmente, su cadáver fue localizado río abajo.
Agustín pertenecía a la corporación de Santa Clara Ocoyucan desde 2017.
A lo largo de su trayectoria ocupó distintos cargos, entre ellos el de secretario y posteriormente subdirector de Seguridad Pública.

Era ampliamente conocido por participar en jornadas de prevención del delito, actividades comunitarias y eventos escolares.
Pero, antes que policía, era padre. Su muerte dejó en la orfandad a cuatro hijos, quienes hoy forman parte de las víctimas colaterales.
Las precipitaciones continuarán durante las próximas semanas, de acuerdo con los pronósticos meteorológicos.
Sin embargo, para algunas personas el temporal de 2026 ya dejó una herida imposible de borrar.


