Para los vecinos y comerciantes de La Popular, colonia ubicada al sur de la ciudad de Puebla, lo ocurrido en el bar Lacoss “ya se veía venir”. El atentado que cobró la vida de siete personas no irrumpió su tranquilidad porque, aseguran, la violencia ya forma parte del día a día.
A una semana de la tragedia, Ambas Manos recorrió la zona para conocer cómo viven hoy y cuál es su percepción después de un hecho que incluso trascendió a medios internacionales.
Lo anterior debido a que entre los fallecidos hubo bailarinas —una de nacionalidad extranjera—, guardias, meseros y hasta el DJ.
Aunque por seguridad no accedieron a ser grabadas, la mayoría de las personas entrevistadas coincidió en un punto que sorprende. No sienten temor y su actividad económica no se vio afectada.
No porque el ataque no les preocupe, sino porque, dicen, la violencia ya forma parte del día a día.
Para muchos, enterarse de ejecuciones, balaceras o cuerpos abandonados se ha vuelto “algo de todos los días”. Esto provoca que tragedias tan graves como la del Lacoss se asimilen con rapidez.
Sobre la 105 Poniente, el tianguis y los puestos cercanos al bar, la actividad comercial en general, continúa sin cambios.
Los vendedores explican que su giro —ropa, frutas, verduras y pollo — no tiene relación con bebidas alcohólicas ni con centros nocturnos. La afluencia se mantiene gracias a la cercanía con escuelas y al consumo diario de las amas de casa.
Frente al bar permanece una cruz con flores colocada por familiares de las víctimas. Al lado, una tienda de ropa opera con normalidad.

Para muchos, la tragedia pareciera haberse quedado encerrada únicamente en el perímetro del negocio ubicado frente a las canchas deportivas.
Vecinos recordaron que el Lacoss llevaba más de tres décadas en función, pues estaba por cumplir 31 años el 5 de diciembre. Comentaron que, desde su punto de vista, algo así podía ocurrir tarde o temprano.

También señalaron que conocían, por notas periodísticas, que en 2023 el lugar fue investigado por trata de personas. Y que, semanas antes del multihomicidio, la noche del 30 de octubre, se registró otra agresión.
A pesar de la preocupación por la inseguridad, aseguran que deben continuar con sus labores.
Aunque cuentan con un módulo de Tránsito Municipal, los agentes solo atienden incidentes relacionados con esa área y no intervienen en hechos delictivos.
Muchos comercios pertenecen a organizaciones como Antorcha Campesina o la UPVA 28 de Octubre, mismas que —dicen— les brindan más respaldo que la propia policía con su seguridad interna.
Respecto al bar, los vecinos opinaron que si ya lo investigaron por trata de personas, la Fiscalía General del Estado (FGE) no debió dejar el asunto en pausa. Mucho menos permitir que continuara operara como si estuviera en regla.
Les parece inconcebible que un sitio con esos antecedentes funcionara bajo el argumento de que estaba “regularizado”, como informó el Ayuntamiento.
Ahora que la tragedia ocurrió, piden que las autoridades refuercen las investigaciones para esclarecer lo que realmente pasó y determinar quiénes son los responsables.
Para ellos, tristemente, era un hecho que “ya se veía venir”.

