ambas manos

Redacción

Elogio de la frustración

Seamos conscientes o no, las emociones están presentes en nuestra vida diaria y están detrás de cada decisión, de cada pensamiento y cada reacción, muy parecido a ese “tablero de control” que guiaba a los personajes de las películas de Intensamente.

A pesar de que las emociones son algo tan natural y cotidiano, es relativamente reciente que se profundice en ellas, e inclusive se tomen en cuenta desde planes de estudio o programas de capacitación. Además de lo anterior, aún existe la idea de que hay emociones “buenas” y “malas”, por ejemplo, podría pensarse que es mejor estar alegre que enojado o triste sin embargo como la misma película antes mencionada nos muestra, todas las emociones tienen una función o valor para vivir, ya que, sin miedo o estrés, seguramente la mayoría de las personas no sobrevivirían.

En este sentido, la frustración también es importante para la vida. Al hacer una búsqueda rápida en Google sobre el significado de frustración, ésta se define como: “una respuesta emocional que surge cuando no logramos alcanzar un objetivo, satisfacer un deseo o cuando las cosas no salen como esperábamos. Se manifiesta como una mezcla de enojo, decepción, ansiedad e impotencia”.

Con esta definición queda claro que no es una sensación agradable, y que nadie podría afirmar que le encantaría sentirse frustrado, por ello es por lo que muchas veces evitamos sentirla, o tratamos de protegernos o proteger a otros de ella, por ejemplo, cuando se opta por no asumir un riesgo para evitar un resultado no deseado, o cuando los adultos le resuelven cualquier problema o situación a niñas, niños y jóvenes para que no se sientan frustrados.

El peligro de ello tiene su origen en olvidar que por naturaleza somos seres limitados, de entrada, el principal límite al que estamos sujetos como seres vivos es la muerte, y además de ello en el transcurso de la vida existen numerosas situaciones, coincidencias, encuentros y pérdidas que también representan un límite, precisamente porque no somos inmortales ni perfectos. Y es que, a pesar de lo que las tendencias de positivismo (tóxico) digan, no siempre “querer es poder”, ni siempre el trabajo duro equivale automáticamente al resultado deseado: las parejas terminan su relación, no eres seleccionado para el trabajo al que aplicaste, no se gana el partido de futbol, se descompone el celular, el Uber no llega, repruebas un examen, etc. Entonces no importa lo hagamos, o qué tanto nos protejamos o protejamos a otros, siempre habrá una probabilidad significativa de sentirnos frustrados, precisamente porque no controlamos todo.

Por lo anterior, se vuelve importante no solo sentir la frustración, sino aprender a sentirla y hacer algo con la emoción, ya que de lo contrario la vida se puede tornar difícil, se pueden desarrollar conductas violentas, afectar la salud o simplemente se nos puede ir la vida sin vivir como resultado de esa insatisfacción.

Y es que la frustración como esa combinación de enojo, decepción e impotencia, sirve para promover la adaptación, desarrollar la resiliencia y replantear las metas al contrastar las expectativas con la realidad. Todo lo anterior es necesario, precisamente porque somos seres limitados.

Para aprender a frustrarse, ¡hay que frustrarse!, y eso se debería de aprender desde la infancia ya que, si desde pequeños reconocen que los límites existen, que a veces hay que esperar y no hay respuestas inmediatas y que los conflictos existen, les será más fácil adaptarse y redirigir el camino cuando sean situaciones más complejas en la adultez.

Porque finalmente la condición humana del límite convive con el constante deseo que siempre nos lleva a querer más y a buscar más: una mejor relación, un mejor trabajo y mejores resultados, pero ¿qué nos lleva a volverlo a intentar a pesar de los límites? Una de las respuestas es: la capacidad que hemos desarrollado para tolerar la frustración, enfrentarla y ajustar lo que se tenga que ajustar.

Alejandra Alpuche Vélez escribe "Elogio de la frustración".
Alejandra Alpuche Vélez, autora de “Elogio de la frustración”. credit: Ibero
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