Andrés Villegas Mendoza

Andrés Villegas Mendoza

8M: A los hombres también nos toca cambiar

Cada 8 de marzo las mujeres salen a las calles a recordarnos algo que como sociedad no hemos terminado de entender.

No marchan por moda.
No marchan por ideología.
Marchan porque durante demasiado tiempo se les ha pedido paciencia mientras la violencia, la desigualdad y el miedo siguen presentes en su vida diaria.

El 8M incomoda. Y está bien que incomode.

Porque la incomodidad es el primer paso para reconocer una verdad que muchos hombres debemos aceptar con humildad: todavía nos falta mucho por hacer por las mujeres.

Y eso incluye a quienes estamos en la política.

A veces creemos que apoyar significa publicar un mensaje, asistir a un evento o repetir discursos correctos. Pero la realidad es más exigente que eso.

Apoyar a las mujeres significa cambiar estructuras, legislar con perspectiva real, fortalecer la seguridad, combatir la impunidad y garantizar que ninguna mujer tenga que vivir con miedo.

Significa entender que cuando una mujer denuncia violencia, el sistema debe responder con justicia, no con indiferencia.

Desde el Congreso tenemos una responsabilidad enorme.
Pero especialmente quienes somos hombres.

Porque durante generaciones el poder público estuvo construido desde una mirada masculina que muchas veces ignoró o minimizó lo que viven millones de mujeres todos los días.

Hoy tenemos la obligación de corregir eso.

No desde la confrontación, sino desde la conciencia.

No desde la culpa, sino desde la responsabilidad.

Las mujeres de México no están pidiendo privilegios. Están exigiendo algo mucho más básico y mucho más profundo: respeto, seguridad y oportunidades reales.

Y eso no debería ser una demanda.

Debería ser una garantía.

El 8M no es un día para felicitar.
Es un día para reflexionar.

Y para asumir que el cambio no solo depende de ellas.

También depende de nosotros.

Porque una sociedad que quiere avanzar no puede hacerlo dejando atrás a la mitad de su población.

Y porque la igualdad no será completa hasta que cada mujer pueda vivir sin miedo y con libertad plena.

Plaza San diego