Un libro no es sólo papel y tinta, es acción, dice convencido Rafael Pérez Cruz, uno de los últimos bibliotecarios de oficio que quedan en Puebla.
Al entrar a la biblioteca pública central de Puebla, Licenciado Miguel de la Madrid, lo primero que te encuentras es un escritorio de metal. Es el lugar que durante años ha ocupado don Rafa, como le dicen de cariño en el recinto cultural.
Tiene 66 años, de los cuales 40 los ha dedicado al servicio público como bibliotecario. Fue uno de los que el Gobierno Federal capacitó en 1984 en la entonces biblioteca central en el Benemérito Instituto Normal del Estado (BINE). Hoy en día en la ciudad de Puebla ya no forman bibliotecarios. Sólo lo hace Escuela Nacional de Bibliotecología en la Ciudad de México.
Ahí comenzó a laborar sólo un año después para luego trasladarse a la biblioteca César Garibay, que estaba en el antiguo reclusorio de avenida Reforma, conocido como San Javier. Sin embargo, durante el sexenio de Rafael Moreno Valle (2011-2017) hubo el cierre de tres, entre ellas donde laboraba don Rafa.
Fue así como llegó a la biblioteca central de Puebla que hoy conocemos en el barrio de El Ato, a un costado del templo de San Francisco.
Así ha resistido los embates de las administraciones y de la tecnología. Le gusta rodearse de libros, no sólo por su trabajo, sino porque tiene la convicción de que es la mejor manera de aprender.
Los bibliotecarios nos encargamos, depende del área en que estemos. Una se llama área de procesos técnicos, proporcionamos al libro su ubicación, se le coloca una etiqueta, se coloca otra para el préstamo de libros domicilio, se coloca una etiqueta de número progresivo de cómo van ingresando libros, y la clasificación según el ‘Sistema de clasificación decimal Dewey’”.

Dice esto último mientras me muestra el manual y me explica el sistema numérico por el cual se rigen las bibliotecas públicas. No hace falta que lo lea, se lo sabe de memoria.
Dicho sistema es importarte para la clasificación de los ejemplares, pues dependiente el tema, es la numeración con la que empezará el libro y va del 0 al 900.
La Filosofía está en primer plano porque si le quitas los ceros es el número 1. Esta disciplina rige a todas las materias sin excepción, por eso es la número 1”.
Pero este es un trabajo “tedioso”, lo que a Rafael Pérez Cruz le apasiona es la correlación con las personas que llegan.
Rafael Pérez Cruz es uno de los últimos bibliotecarios de oficio en #Puebla. En la biblioteca Miguel de la Madrid se encarga de orientar a los usuarios.#AmbasManos | @Diana_J_Mhttps://t.co/ZZxeFq6LnI pic.twitter.com/SthUExujKJ
— Ambas Manos (@Ambas_Manos) October 24, 2025
Pasan de 100 a 20 los visitantes diarios a la biblioteca
Él se encarga de acomodar libros que se utilizan y están en el carrito. Luego los pone en su lugar y se encarga de las estadísticas del uso de los libros. Su parte favorita es orientar a la gente que necesita algún texto.
Si las personas me solicitan información, la busco en la compu y le digo dónde está, orientar al usuario”.
También da visitas guiadas a grupos de personas. Les explica desde la entrada cómo está acomodados los libros, enciclopedias, etcétera.
Sin embargo, es un ejercicio que ya casi no ofrece por la falta de interés y las cifras no mienten. El promedio de visitas guiadas es de tres por mes, cuando antes eran cinco a la semana.
Esto coincide con la gente que pisa a diario la biblioteca. Recuerda don Rafa que en las décadas de los 80 y 90 llegaban de 40 a 100 personas diarias, pero ahora sólo de 15 a 20.
Él lo atribuye a que la gente ya no quiere hacer el ejercicio de leer, en parte, porque las bibliotecas no reciben el suficiente mantenimiento y permanecen en el olvido. Son la última prioridad para los gobiernos.

“Somos como los dinosaurios”, dice uno de los últimos bibliotecarios de oficio en Puebla
Me explica la Epístola de Melchor Ocampo, quién inventó el celular, cita un fragmento de un poema de Sor Juana Inés y habla sobre la visión de Gabriel Zaid respecto a los libros.
“Todo lo que le comento lo he extraído de la lectura”, comenta reforzando su idea de que los libros nos hacen críticos y de que es la manera de transformar nuestro entorno.
Don Rafa piensa retirarse el próximo año con la satisfacción de haber crecido en demasía, conociendo, aprendiendo y sabiendo.
Reconoce que en otras bibliotecas hay trabajadores que aprenden sobre la marcha y lo hacen con pasión, pero otros sólo lo hacen porque les pagan.
Con tristeza, admite saber que su cargo quedará en el aire y se compara con un dinosaurio, “(los bibliotecarios) nos vamos extinguiendo”. Este 24 de octubre, se conmemora el Día Internacional de las Bibliotecas en recuerdo a la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo.

