Existen al menos cuatro especies de animales extintos que los científicos han buscado “revivir” a través de diferentes experimentos. 

De acuerdo con CNN, aún existen preguntas sobre cómo pueden intentar traerlos de vuelta y con qué propósito, después de que habitaron la Tierra.  

Se trata del “lobo terrible”, el mamut lanudo, el demonio de Tasmania y el dodo, que pisaron el planeta hace miles de años.  

Aunque es un reto importante para la ciencia moderna, Raúl González Ittig, profesor asociado de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, señala que no basta con crear solo un ejemplar.  

Para asegurar una especie con fines evolutivos, se debe contar con machos y hembras no emparentados. Es decir, deben poseer una variabilidad genética para evitar problemas y hacer sostenible su supervivencia.  

La llamada “ciencia de la desextinción” no está exenta de debates éticos, ya que la principal urgencia debería ser evitar que las especies actuales desaparezcan. 

No obstante, los trabajos han seguido adelante y parece que, cada día, los científicos están más cerca de traer a la vida uno de estos animales.  

El caso más reciente fue el de los cachorros de ‘lobo terrible’ por parte de la empresa biotecnológica Colossal Biosciences. 

Recientemente, anunció que la especie extinta hace cerca de 12 mil 500 años se había convertido en el “primer animal del mundo desextinto con éxito”. 

Los expertos alteraron los genes de un lobo gris, su pariente vivo más cercano con dos genomas de ADN antiguo de lobo terrible, los cuales extrajeron de dos fósiles a través de procesos genéticos y de clonación.  

González Ittig señaló que no es una especie nueva. Es un lobo modificado genéticamente con el objetivo de que tenga alguno de los rasgos morfológicos que posiblemente tuvo la especie original.  

Estos son los animales extintos que los científicos quieren “revivir”  

En cuanto al tilacino, mejor conocido como demonio de Tasmania, es otra de las especies con las que Colossal Biosciences ha experimentado. 

Los marsupiales carnívoros desaparecieron hace 2 mil años en todo el planeta, excepto en Tasmania, donde cumplían un rol clave en el ecosistema. 

A los animales los cazaron hasta su extinción y aunque en 1930 el gobierno australiano les garantizó protección, fue demasiado tarde.  

La diferencia con el “lobo feroz” es que el demonio de Tasmania se extinguió en tiempos modernos, pero su hábitat sigue existiendo.  

Como no ha sido reemplazado como depredador, si regreso podría ayudar a “restablecer el equilibrio del ambiente”. 

Sin embargo, su reinserción debe ser muy vigilada porque “toda especie que se larga a la naturaleza es una plaga en potencia”. 

Por otro lado, el mamut lanudo desapareció hace 4 mil años y los científicos están trabajando con ADN recuperado de fósiles y de su pariente vivo más cercano, el elefante asiático.  

Según Colossal, si se pudiera “desextinguir” al mamut lanudo y liberar suficientes ejemplares en la tundra ártica, podría ayudar a restaurar y preservar el frágil ecosistema. 

Hay quienes aseguran que estos enormes animales podrían ayudar a ralentizar el deshielo del permafrost. Otros explican que no está claro que se pudiera prever un impacto positivo significativo en caso de lograrse.  

Finalmente, el dodo, conocido como la ave que no podía volar, originaria de la isla Mauricio, es un ejemplo de la responsabilidad del hombre en la pérdida de la biodiversidad. 

Su extensión en 1681 se atribuye a dos factores: la depredación por parte de los humanos y la introducción de especies que no eran originarias de la isla en el siglo XVI, como cerdos y macacos, a los que les gustan los huevos. 

Al igual que el demonio de Tasmania, el dodo también “tenía un rol ecológico muy importante” en su hábitat natural. 

Estos pájaros consumían las semillas de unas especies de árboles que eran especialmente duras, las digerían. Al defecar, volvían a la naturaleza y se diseminaban, lo que permitía la germinación de ejemplares. 

La extinción del dodo afectó la salud de los bosques, por lo que un eventual retorno podría colaborar en su restauración y preservación. 

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