Activistas ambientalistas hacen un llamado a cuidar los océanos y mares en el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines. 

Estos animales marinos se ven amenazados por graves problemáticas, como la caza comercial y la contaminación del agua. 

Desde 1986, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) proclamó el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines para evitar la caza indiscriminada y tortuosa de los cetáceos.  

Sin embargo, la labor de la comisión a favor de estas especies se remonta a 1946. Ese año se pronunció contra las prácticas que afectan a la biodiversidad marina. 

Señaló que “la historia de la caza de ballenas es testigo del agotamiento de una zona tras otra y de una especie tras otra. Hasta tal punto que resulta esencial la protección de todas las especies de ballenas para evitar su extinción”. 

A partir de la lucha por la conservación de los mares, pero también de la preservación de la fauna, la fecha se conmemora cada 23 de julio.  

La depredación de ballenas y delfines data de siglos atrás. Antiguamente, las ballenas eran cazadas en la costa para garantizar la subsistencia de una comunidad. 

Fue a finales del siglo XVII que inició la cacería masiva que llevaron a estas especies a estar catalogadas en peligro de extinción. 

Procesos como la industrialización llegaron a los mares con naves modernas de propulsión y el uso de la tecnología.  

Esto significa que el aumento de la demanda superó el límite sostenible de las ballenas y sus poblaciones quedaron en peligro. 

Antes de la II Guerra Mundial, se evidenció un descenso de los cetáceos que causó preocupación entre los cazadores. 

Fueron ellos quienes alertaron de la disminución exagerada del número de ballenas a medida que ellos las eliminaban. 

En el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, llaman a cuidar los océanos  

Hoy en día, algunos países cazan ballenas subrepticiamente; otros como Japón, se niegan a detener la cacería de los grandes cetáceos bajo argumentos científicos. 

De cualquier manera, la realidad para estas criaturas es preocupante y desastrosa, por el daño que causa a los ecosistemas marinos. 

La defensa de los animales era estado en manos de organizaciones ambientalistas como Greenpeace. En 1975 inició una histórica campaña al visibilizar que las poblaciones de ballenas se encontraban en una situación muy crítica después de casi tres siglos de cacería comercial y más de medio siglo de caza industrial descontrolada. 

A esto se suma la contaminación desmedida de los mares y océanos, a causa de materiales tóxicos. Por ejemplo, vertidos de petróleo, productos químicos, residuos de plástico e industriales.  

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