Los hijos que parentan, así se les conoce a las niñas, niños y adolescentes que asumen roles y responsabilidades que no les corresponden dentro del núcleo familiar.

Este fenómeno se da cuando los hijos se convierten en los “padres” de sus propios padres. Así lo explicó en entrevista con Ambas Manos, la psicóloga Karla Portilla, especialista en salud mental y miembro de Ostara.

En su experiencia, las y los hijos que paternan son quienes escuchan y lidian con problemas que no les tocan.

Se convierten en mediadores de los conflictos familiares, se hacen responsables de sus hermanos y en algunos casos, sostienen económicamente a todos los miembros.

Al final, los menores terminan por hacerse adultos muy rápido”, indicó la especialista.

Estas infancias y adolescentes suelen invisibilizar sus propias necesidades para priorizar las del entorno. No suelen pedir ayuda, no se muestran vulnerables y su valor es definido por lo que hacen por los demás, no por quiénes son.

Al no recibir el cuidado y contención necesarios, durante sus primeros años de vida crecen con heridas emocionales profundas.

Sentir que tus papás no están ahí cuando los necesitas es una forma de trauma”, aseguró la psicóloga.

Esta dinámica muchas veces se origina en hogares donde los padres presentan inmadurez emocional o padecimientos psicológicos.

Estos trastornos les impiden cuidar de sí mismos y de los demás, por lo que terminan depositando en los hijos sus propias cargas.

Consecuencias de los hijos que parentan

Las consecuencias de parentar en la infancia suelen extenderse hasta la adultez. En esta etapa, presentan dificultades para poner límites y sostienen relaciones desiguales.

También desarrollan una incapacidad para pedir ayuda, sufren ansiedad, depresión e incluso dificultad para formar su propia familia.

Sin embargo, romper con este ciclo no es fácil, primeramente implica reconocer que se está ejerciendo un rol que no corresponde.

Una vez que se logra alcanzar esta conciencia, se debe aprender a poner límites para hacerse cargo de sí mismo y atender sus propias necesidades.

Esto no significa abandonar a los padres (incluso en su adultez), sino respetar los roles que cada uno debe ejercer en su momento.

Karla Portilla recomienda buscar acompañamiento psicológico y formar una red de apoyo para poder iniciar el proceso de sanación.

Aunque al principio los hijos pueden experimentar un fuerte sentimiento de culpa por dejar de “cuidar” a los demás, se debe priorizar el propio bienestar emocional.

Aquí puedes ver la entrevista completa:

Video en YouTube: en Ambas Manos se habla del tema de las infancias marcadas por responsabilidades que no les tocan.
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