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El Primer Hombre del Charlie Hall

En donde la calle Reforma pierde su nombre para convertirse en Juan de Palafox, existe un palacio, lo llaman Charlie Hall en honor a quien lo construyó y como coloquialmente se les denomina a las sedes del poder.

Se dice que un personaje tiene dividido a todo el equipo en ese Palacio. Parece que quien lleva el mismo nombre de aquel primer ser humano que pisó la tierra ha caído en varias tentaciones y ha perdido la cabeza.

¿Cómo dice el dicho aquel?

¡Ah ya me acordé!

“Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer” y vaya usted a saber querido lector dónde quedó Eva…

Pues éste hombre, lo mismo lo maneja un día la avaricia, (con los múltiples contratos que maneja), que la vanidad con la que se mueve….

Quiere figurar, incluso a veces, más que el Dios Padre de aquel palacio, en eventos oficiales como el informe y otras cosas similares.

¡Eva por todos los santos regaña a tu marido!

¿Eva, Evita? Pues creo que Eva anda de viaje y su marido entregado a la pachanga y además me cuentan que a otras faldas… (¿que pensarán los santos varones del Yunque?) y como dice la canción:

“Quizás, quizás, quizás” el Ángel Caído, del que les hablé en la entrega anterior, tendría que hablar con este personaje, para advertirle de los riesgos de querer ser más que quien es dueño del pandero. Bueno, del pandero, y de todo el circo. 

Se dice por los pasillos del palacio, que al ser el consentido, tiene confrontada a toda la corte celestial, o estás con él o en su contra y si estás en su contra se encargará de hacerte quedar mal.

Nadie sabe exactamente lo que hace, pues eso de ser el gerente de lo equivalente a la creación de Dios Padre, no debería ser su papel. 

Dicen que tiene muchos beneficios y poca responsabilidad.  Al parecer quien manda en el recinto sólo tiene ojos y oídos para el personaje de esta historia que ciertamente a diferencia de su tocayo ya no usa una hoja de parra.

Éste personaje mantiene gran complicidad con el ángel custodio de los recursos y desde ahí se asigna lo necesario para cumplir con sus caprichos.

Se sabe que a sus protegidos se les perdona cualquier pecado cometido, el que sea, así sea capital. Es el hombre en el trono, decide quien llega y quien se va, todo proceso tiene que pasar por su visto bueno, mismo que llega a durar como mínimo un mes; cosa que la ciudad  reciente, ¡imagínese señor lector!

El joven “primer hombre” y gerente a tras mano de toda la ciudad debería de cuidarse más, no vaya a ser que lo descubran comiendo ya no digamos una manzana sino un mayúsculo cocktail de frutras: maracuyá, pera, mango etc, y ahora sí lo expulsen del Edén.

Quizá parte de su confianza está en que, a falta del señor de la casa, ya no sólo de facto, sería él quien tomara ese papel.

La duda que clama el paraíso es:

¿El primer hombre traicionará al Altísimo?, bueno, tal vez no es tan alto, pero en definitiva sí es el Señor de Charlie Hall.

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