Cada 8 de marzo (8M) miles de mujeres salen a las calles para exigir justicia y una vida libre de violencia. Pero detrás de las consignas y las pancartas hay historias que pocas veces se escuchan completas. 

Son vidas marcadas por el miedo, el silencio y relaciones que con el tiempo se volvieron destructivas. 

De cara al Día Internacional de la Mujer, en Ambas Manos recopilamos las historias de tres poblanas que decidieron contar lo que vivieron dentro de sus hogares y también en el noviazgo.  

Tres historias de violencia que muestran por qué las mujeres marchan el 8M 

Victoria fue separada de su hijo por el machismo de su esposo  

Victoria era una ama de casa dedicada a su hogar, quienes la conocen recuerdan que siempre estaba ocupada.  

Preparaba la comida, ayudaba a sus hijos con la tarea y por las tardes planchaba la ropa mientras conversaba con ellos. 

Desde fuera parecía tener una vida estable: un esposo, una hija y un hijo, pero con el tiempo la relación comenzó a cambiar. 

Su marido empezó a tratarla con desprecio. Llegaron las críticas constantes, los comentarios hirientes y la violencia psicológica. 

Victoria empezó a sentirse menos. Su seguridad se debilitó y la depresión apareció. Las personas cercanas notaron que algo no estaba bien, dicen que perdió el brillo.  

El momento que cambió todo llegó cuando Victoria descubrió que su esposo tenía otra relación. 

La sorpresa fue aún mayor cuando supo que esa mujer vivía en casa de sus suegros y tenía un bebé. 

El golpe emocional fue tan fuerte que  perdió el control. Llegó hasta esa casa, roció gasolina y prendió fuego al lugar sin saber que el recién nacido se encontraba dentro. 

Por fortuna, el menor resultó ileso. Sin embargo, aquel episodio marcó el fin del matrimonio.  

El esposo decidió llevarse a su hijo con su nueva familia y dejar a Victoria con su hija. Su explicación fue simple y cruel: 

Los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres”. 

Victoria no tenía recursos para iniciar un proceso legal. Durante años vivió separada de su pequeño. 

El niño creció con su padre y adoptó la misma visión machista. Cada intento de acercamiento terminaba con la misma frase: “no mamá, los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres”. 

El tiempo pasó. Su hija formó su propia familia y el hijo reapareció cuando tenía casi 25 años. 

La buscó pero no para reconstruir la relación sino porque tenía deudas. Victoria trató de ayudarlo con lo poco que tenía.  

Con el tiempo descubrió que el dinero se destinaba al consumo de drogas. Dos años después murió por una sobredosis. Dejó cinco hijos huérfanos. 

Cabe destacar que previamente y tras su divorcio, Victoria intentó rehacer su vida. Tuvo otra pareja y un nuevo hijo.  

Lamentablemente quedó viuda y el hijo que concibieron también cayó en las drogas. 

Hoy Victoria vive con miedo dentro de su propia casa. Su hijo la golpea, la amenaza y asegura tener pactos con la Santa Muerte. 

En una ocasión la agredió y la dejó inconsciente. Desde entonces vive con la incertidumbre de no saber qué va a pasar mañana. 

Conoce las marchas del 8M en Puebla y otros municipios
Mujeres de diferentes edades marchan por el 8M. credit: Agencia Enfoque

A Estefanía la golpeó su novio en el trabajo y por eso la despidieron 

Estefanía tenía 24 años cuando conoció al hombre que cambiaría su vida. Se conocieron en el trabajo. 

Ella creció sin la presencia de su padre y siempre buscó sentirse protegida. Él parecía ofrecerle justo eso. 

Era mayor, atento y aparentemente cariñoso. La relación avanzó rápido, pero seis meses después ocurrió algo que la dejó desconcertada. 

Un día, varios compañeros se acercaron a su pareja para darle el pésame por la muerte de su esposa. 

Estefanía se quedó en silencio. Hasta ese momento él nunca le había dicho que estaba casado ni que tenía hijos.  

Cuando lo confrontó, el hombre confesó que su esposa había muerto por una negligencia médica. 

Desde ese momento ella cargó con el estigma de ser señalada como la amante, incluso después de la muerte de la mujer. 

Con el tiempo la relación se volvió cada vez más controladora. Él le decía cómo vestir, con quién hablar y qué amistades debía evitar. 

También, atacaba su autoestima. Estefanía tenía sobrepeso y él repetía constantemente una frase que la marcó durante años: 

Nadie te va a querer. Yo te hago un favor al estar contigo”. 

La manipulaba, la alejaba de su familia y la convenció de sacar créditos que terminaron en deudas. 

Durante una discusión el hombre llegó a fracturarle un dedo. 

Estefanía pidió ayuda a una patrulla de la Policía Municipal que pasaba por el lugar, pero el oficial minimizó la situación. 

Le dijo que solo se trataba de una pelea de novios. Aquella respuesta la hizo sentir completamente sola. 

El punto de quiebre llegó cuando Estefanía decidió terminar la relación. El hombre la siguió hasta el comedor de su trabajo. 

Ahí la golpeó brutalmente aprovechando que estaba sola. Le fracturó la nariz, la dejó inconsciente y cuando volvía en sí le quiso hacer creer que se había caído sola.  

La empresa decidió despedirlo de inmediato, pero al mes hizo lo mismo con ella. No querían problemas. 

Con el apoyo de su familia logró salir de esa relación. Hoy reconstruye su vida. 

Aunque a veces se encuentra con su agresor por cuestiones laborales, ahora cuenta con una red de apoyo que la ayuda a mantenerse firme. 

Rosa sobrevivió a varios intentos de feminicidio  

Rosa tenía 16 años cuando se casó. Las señales de violencia aparecieron desde el noviazgo. 

Cada vez que intentaba terminar la relación, él amenazaba con quitarse la vida y culparla. 

El chantaje emocional funcionó. Rosa cedió, se casaron y tuvieron una hija. 

Aunque el hombre cumplía con el dinero del hogar, la trataba de forma agresiva. 

En la casa existían reglas estrictas. La comida debía estar lista a las dos de la tarde. Si Rosa le servía agua en un vaso de plástico, él se enfurecía. 

En la mesa todos comían piezas distintas del pollo, pero para él siempre estaba reservada la pechuga. Nadie podía empezar a comer sin él. 

Las infidelidades fueron constantes. Pero la que más le dolió fue cuando descubrió que la engañaba con su mejor amiga. 

Una mujer que visitaba su casa con frecuencia y en quien confiaba incluso el cuidado de sus hijos. 

Mientras Rosa trabajaba para mantener el hogar, y él estaba enfermo, ambos tenían una relación a su espalda. 

Las discusiones terminaban casi siempre en agresiones. Sus hijos crecieron en ese ambiente. Incluso, los nietos presenciaron escenas similares. 

En una ocasión, durante una reunión familiar, el hombre intentó estrangularla. Una de las niñas abrió la puerta y logró detenerlo. 

En otro episodio, la persiguió con un cuchillo hasta la casa de un vecino. 

La situación llegó al límite durante una discusión por una propiedad. 

El hombre sacó una pistola. La hija de Rosa se arrodilló frente a él y le suplicó que no disparara para que su madre pudiera escapar. 

Después de décadas de violencia, Rosa tomó una decisión. Sacó las pertenencias de su esposo de la casa y le pidió que se fuera. 

Hoy él todavía visita el lugar para ver a sus hijos y nietos. Pero, Rosa sabe que si no hubiera tomado esa decisión, su historia probablemente habría terminado en un feminicidio

Plaza San diego
ambas manos

Guadalupe Chávez

Maestra en Comunicación y licenciada en Televisión. Reportera desde hace más de 10 años en las fuentes de gobierno y nota roja.