El Norovirus es un grupo de virus altamente contagiosos que provocan una enfermedad gastrointestinal conocida clínicamente como gastroenteritis aguda, inflamando el estómago y los intestinos.

Este patógeno es reconocido por la comunidad médica internacional como la causa más común de vómitos, náuseas y diarreas graves en personas de todas las edades.

Aunque popularmente se le conoce en diversas regiones como la “gripe estomacal”, los especialistas aclaran que no tiene ninguna relación biológica con el virus de la influenza.

El contagio por Norovirus ocurre principalmente cuando minúsculas partículas de heces o vómito de un individuo infectado entran de manera accidental al cuerpo a través de la boca.

Una de las formas más frecuentes de transmisión es el consumo directo de alimentos frescos o agua potable que se contaminaron durante su proceso de preparación industrial o casera.

Los mariscos crudos, especialmente los ostiones cultivados en aguas residuales, las frutas y las verduras mal lavadas representan las mayores fuentes de brotes epidémicos por comida.

Asimismo, las personas pueden contraer la infección al tocar objetos cotidianos infectados, como picaportes o barandales, y llevarse posteriormente las manos a la boca sin lavárselas.

El alto nivel de propagación del Norovirus en espacios públicos

La transmisión directa de persona a persona también es muy común, dándose al cuidar a un paciente enfermo, compartir cubiertos o inhalar micropartículas suspendidas en el aire tras un vómito.

Un factor alarmante es que basta con ingerir una cantidad mínima de diez partículas del virus para enfermarse, mientras que un contagiado expulsa miles de millones de ellas.

Los síntomas característicos de este padecimiento comienzan a manifestarse de forma brusca entre las doce y las cuarenta y ocho horas posteriores a la exposición inicial del paciente.

El cuadro clínico incluye dolores o calambres abdominales intensos, fiebre ligera, dolor de cabeza constante, malestar corporal generalizado y una deshidratación que avanza de manera muy rápida.

La enfermedad suele ser de corta duración, permitiendo que la mayoría de los adultos sanos logren una recuperación completa en un periodo estimado de uno a tres días.

Sin embargo, el riesgo de complicaciones graves aumenta considerablemente en sectores vulnerables de la población, tales como bebés, adultos mayores y personas con sistemas inmunológicos deprimidos.

Debido a que no existe un medicamento antiviral específico ni una vacuna aprobada, el tratamiento médico se enfoca en el reposo absoluto y la reposición constante de líquidos.

Finalmente, las autoridades sanitarias recuerdan que los geles antibacteriales comunes a base de alcohol no destruyen al Norovirus, siendo el lavado de manos con agua y jabón la única prevención efectiva.

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