La soberanía empieza donde pisa la gente
La soberanía no nace en los grandes salones ni en los discursos solemnes. Nace en el territorio. En la calle que vuelve a ser segura. En el campo que produce. En la comunidad que siente que el Estado no la olvidó. La soberanía empieza donde pisa la gente.
Durante mucho tiempo se nos quiso hacer creer que la soberanía era solo un concepto nacional, lejano, abstracto. Pero la verdad es más sencilla y más profunda: un país solo es soberano cuando sus regiones son fuertes, cuando sus estados deciden, actúan y responden.
Hoy México vive un momento en el que esa idea vuelve a cobrar sentido. La visión nacional encabezada por Claudia Sheinbaum coloca a la soberanía como dignidad, como capacidad de decidir nuestro rumbo con responsabilidad y futuro. Pero esa visión no camina sola: necesita tierra firme, necesita territorio.
En Puebla, la soberanía se construye todos los días cuando el gobierno asume el control del estado, coordina esfuerzos y pone orden con sentido social. El liderazgo del gobernador Alejandro Armenta parte de una convicción clara: un estado fuerte no se impone, se construye con presencia, trabajo y resultados.
Como diputado, lo veo de cerca. Legislar también es soberanía. Es defender a la gente desde la ley, fortalecer a los municipios, cuidar el territorio y darle certeza al futuro.
Porque la soberanía no es gritar más fuerte.
Es cumplir.
Es estar.
Es decidir bien.
Y no hay soberanía nacional posible si no se ejerce primero, con firmeza y corazón, desde lo local.

