La marcha que no fue de una generación
Hay momentos en la vida pública que exigen mirar más allá de la superficie. Hace unos días, en Puebla y en el país, fuimos testigos de una movilización que algunos intentaron vender como “la marcha de la Generación Z”. Pero nada más lejos de la realidad, eso no fue una manifestación de jóvenes, fue una operación política disfrazada, un intento de manipular la energía auténtica de una generación que merece ser escuchada, no utilizada.
La escena era clara. Rostros que no representaban la diversidad de nuestros jóvenes, mensajes calcados de viejas estructuras y un guion que venía escrito desde los mismos de siempre. No era rebeldía juvenil; era el PRIAN metiéndose detrás de una máscara, queriendo simular lo que no son y nunca han sido: el futuro.
Y ahí es donde esta historia cambia.
Porque mientras algunos buscan usar a los jóvenes, la Presidenta Claudia Sheinbaum los está poniendo en el centro de las decisiones. No con discursos prefabricados, sino con políticas reales: inversión en educación, ciencia, tecnología; becas, movilidad, ampliación de derechos. Claudia no necesita prestarse disfraces. Su liderazgo es firme, sereno y cercano a quienes hoy exigen un país más justo.
Lo mismo ocurre en Puebla. El gobernador Alejandro Armenta ha marcado un antes y un después en la manera de gobernar: apertura, presencia territorial, sensibilidad social y una convicción profunda por proteger a las juventudes. No se esconde, no especula y no se deja intimidar. Trabaja.
Por eso duele ver cómo intentaron confundir a la opinión pública con una marcha artificial, financiada y operada por los mismos que dejaron a Puebla hecha un caos cuando gobernaron. Ahí está el ejemplo del exalcalde panista Lalo Rivera, quien dejó una ciudad desordenada, insegura y fragmentada. Esa es la verdadera herencia del PAN, no hashtags ni supuesta “rebeldía juvenil”.
Pero lo más grave fue lo ocurrido en Casa Aguayo. Un grupo infiltrado —que no representaba a ningún joven consciente ni a ninguna causa legítima— buscó provocar violencia, lanzar piedras, lastimar ciudadanos e intentar responsabilizar al gobierno. Eso no es protesta: eso es una estrategia cobarde. Y lo digo con claridad: debe investigarse, caiga quien caiga.
Porque los jóvenes de Puebla sí existen, sí marchan, sí opinan, pero no necesitan tutores del pasado. Ellos dialogan, cuestionan, crean, exigen, y tanto la Presidenta como el Gobernador han abierto las puertas para escucharlos.
Hoy más que nunca, defender a la juventud implica protegerla de quienes quieren manipularla.
Y yo, desde el Congreso, desde mis convicciones y desde mi experiencia como subsecretario de Gobernación, lo digo con serenidad pero con firmeza: en Puebla no vamos a permitir que el PRIAN juegue con la dignidad de una generación que sueña con un país mejor.
Los jóvenes no son botín político. Son la fuerza que está transformando a México.

